El breve texto que se encuentra a continuación fue escrito por LAIMA MOCKUS (hija de 14 años de edad de Antanas Mockus, estudiante del Liceo Frances Louis Pasteur) a propósito de los últimos acontecimientos de esta campaña política.
No se asombre por la redacción y la coherencia de su escrito, pues con tan solo 14 Laima ya escribió su primera novela (http://www.jetset.com.co/noticias-que-pasa-con-noticas-chismes-del-je…)
Dar el salto y confiar
¿Qué demonios tiene que ver responder una pregunta tramposa sobre el
sueldo de un médico general en 10 segundos con llevar a cabo una
“reforma estructural al sistema de salud”? ¿Qué demonios tiene que ver
satisfacer los caprichos maniqueos de una periodista frente al glifosato
con “impulsar opciones de desarrollo integral para las regiones en las
que existen cultivos ilícitos, con el propósito de reducirlos de manera
sostenible y eficaz”? ¿Qué demonios tiene que ver el poner a un
candidato presidencial a desfilar con respuestas en ese reinado de las
suspicacias que son los debates con gobernar un país sobre la base de
una propuesta de gobierno que se ha venido construyendo en forma
colectiva con el apoyo de un abanico plural de los más sobresalientes
expertos del país?
Sí. Cuando Antanas habla en los debates yo también me siento como un
bombero que alista su malla para recibir a alguien presto a saltar
desde algún piso alto de un edificio en llamas; yo también quiero
corroborar que es infalible, quiero confirmar que sus propuestas son
inmejorables, quiero un certificado que me garantice que en todo su
equipo no hay una sola sombra de sospecha, quiero ratificar que tengo
respuestas para cada una de las críticas sobre su supuesto
neoliberalismo o sobre sus supuestas simpatías con la revolución
bolivariana.
Pero lo único que me encuentro, por más que le dé vueltas, es un ser
humano que, mientras sus adversarios prometen créditos a cero interés
para todos los graduandos del país, 400.000 viviendas de interés social o
acabar con la injusticia social en 4 años, traza los horizontes con
prudencia, porque es incapaz de dar una sola respuesta que implique un
compromiso que él no pueda cumplir; un ser humano dispuesto a aceptar
que necesita el mejor de los equipos para gobernar porque para cada tema
hay personas que saben mucho más que él; un ser humano dispuesto a
retractarse cuando unos periodistas lo han empujado a responder una
pregunta suspicaz y su rival aprovecha el show mediático para
restregarle la respuesta una vez más; un ser humano dispuesto a
contenerse cuando sus respuestas pueden poner en riesgo las futuras
relaciones con un país vecino, así eso no complazca nuestro delirante
patriotismo; un ser humano dispuesto a afirmar que va a hacer que todos
paguemos los impuestos que es justo que paguemos para construir país.
Por más que le dé vueltas, sólo me encuentro con eso: un ser humano sin
igual, capaz de liderar una transformación que es ante todo moral, capaz
de ser el ser el epicentro de este sismo imparable de confianza que se
está extendiendo lentamente entre nosotros que estamos tan acostumbrados
a sospechar.
Ahí está él incólume, después de que J.J. Rendón y sus secuaces
tuvieron que contentarse con su supuesto “ateísmo” tras llevar a término
su tarea, seguramente muy acuciosa, de rastrearle su pasado público y
privado para hacerle zancadilla y evitar su imparable ascenso. Ahí está
su equipo, liderado por tres ex – alcaldes de talla mundial que han
logrado, a pesar de sus orgullos y prejuicios ideológicos, tejer puentes
sobre el abismo de la desconfianza y trabajar juntos. Ahí está su
propuesta, excepcional pero del todo incompleta, con la invitación a que
la discutamos, a que la construyamos en forma conjunta sobre la base
del diálogo de argumentos y teniendo como marco principios como la vida
es sagrada, la coherencia de fines y medios o la primacía del interés
general sobre el particular. Eso es todo lo que hay.
–
داريو ايفان سانشي
“Ojo
por ojo, y el mundo terminará ciego” Gandhi
“…la diferencia entre el ser humano y el animal no
humano no es una diferencia en tipo sino en grado” Braverman
“Si la verdad y el honor, son
el precio y el tributo del poder, de la fama o de la gloria, ¡Ah,
vergüenza para el hombre! Richard “Loewenherz” Acevedo